Trodos Quattro

Atractiva imagen de la caja de Trodos IV

Los vinos que más me han llegado a emocionar son aquellos que te descubren por casualidad, aquellos que te presentan en tus momentos de ocio, fuera de las catas oficiales, de las muestras que te envían para que manifiestes tu opinión o hagas una valoración profesional. Reconozco que no es fácil sorprenderme, pero adoro que lo sigan intentando, que me pongan una botella en la mesa, cuando me invitan a comer o a cenar, y me pregunten: <<¿lo conoces, lo has probado alguna vez?>> Si encima ese vino llega conectar con la parte más íntima de mí, si llega a provocarme sensaciones apasionadas llenas de agitación, entonces me descubro ante esa botella.

Este tipo de emociones son las que sentí el sábado pasado, cuando unos buenos amigos me invitaron a cenar; hay que reconocer que los platos ayudan, mucho, a un buen vino (un buen vino, complementando una buena cocina, sin florituras, pero llena de entusiasmo y buen hacer, es el sueño dorado).
En un momento dado me presentaron un vino de Rioja; precioso envoltorio, signo significativo de cuidar el detalle, de querer mimar su interior. Reconozco que no tenía referencias de él: Trodos IV Vendimia Seleccionada 2004. Por indagar y resaltar algunos detalles más, señalar que es 100% Tempranillo, y que la botella (también muy cuidada su imagen, su estilo, mostrando distinción) lleva colgada una medalla de plata del Concurso Mundial de Bruselas de 2007. Ya sé que eso tampoco es la panacea, pero he de destacar el concurso de Bruselas como uno de los más serios e interesantes del mundo enológico (sin menospreciar otros grandes premios que hay por la geografía mundial). Alabada la elección, y reconociendo mi total desconocimiento de este vino, originario de la localidad de Cordovín, en La Rioja, su frescura y su frutosidad, me resultan francamente atractivos. Estamos hablando de un 2004; estamos a febrero de 2010, y en la copa hay un Rioja.
Botella de Trodos IV apoyada sobre su cajaEl ribete ya se mostraba juvenil, como si poseyera ese preciado secreto de la eterna juventud, pero sus aromas resultan todavía más gratificantes, y seductores. Una maligna sensación empieza a adquirir presencia en mi mente: <<seguro que se cae en boca, algún fallo ha de tener, porque no he oído hablar de este vino>>. Así que tras dejarme envolver un poco más por sus notas balsámicas, por su sutileza en los tonos especiados, decido sentirlo en la boca. De pronto descubro como la seda, la elegancia y la suavidad van caminando sobre mi paladar, como su paso gentil y desenvuelto llenan la boca y aporta un aterciopelado calor cuando llega a mi faringe.
De tanino redondo y cremoso, es tan agradable la sensación vínica que acompaña la diversidad de propuestas culinarias que sobre la mesa se me ofrecía,  que mi impresión sobre Trodos IV la tenga que tildar de Sensacional. Estoy hablando de un vino que no llega a los 20 € (por lo que pude averiguar al día siguiente) y que despertó, en mí, agradables sensaciones, inesperadas emociones, lo que me hizo disfrutar aún más de la velada.