Priorat I: Porrera

Durante 4 días pudimos conocer pueblos maravillosos, bodegas fantásticas y vinos impresionantes; curvas de izquierda, y curvas de derecha, nos llevaron de Gratallops a Porrera, de La Vilella Baixa a Falset. En este viaje recordatorio daré pistas por localidades, pequeñas pinceladas del Priorat y su universo enológico.

Porrera es la patria chica de Lluis Llach, donde pasa largos periodos y también donde tiene su bodega, no abierta a visitas. Sus portales, el transcurrir del río por la localidad, sus puentes, y sus calles, nos traen a la memoria gloriosos tiempos pasados.

Nuestro primer contacto bodeguero fue con Celler Joan Simó. Ubicada en los bajos de una esplendora casa familiar, hoy necesitada de una amplia reforma, la podríamos definir como una bodega de garaje. Son habituales, por las tierras del Priorat, encontrar pequeñas bodegas donde sus dueños aprovechan hasta el más mínimo espacio para dar salida a su pasión vitivinícola. Ese es el caso de Gerard, su responsable, que un día decidió recuperar las viñas familiares y dedicarse al mundo del vino. De situación céntrica, Joan Simó nos ofrece uno de los mejores vinos que tomé en Priorat, Les Eres (25 € nos costó cada una de las dos botellas que compramos). Después de conocer la bodega, pudimos disfrutar de sus dos vinos (Les Eres es el vino que hacen de alta gama) rodeados de barricas de madera llenas de vino; un ambiente acogedor que invita a la conversación con Gerard y Fany, su mujer.

De un pequeño proyecto personal a una apuesta fuerte y decidida. Queríamos conocer Bodega Marco Abella y su  viticultura biodinámica. Situada a las afueras de Porrera, la bodega, incluida en el viñedo, es de un perfil integrador, situándose a los pies de la montaña donde se encuentra una parte importante de las viñas que darán lugar a vinos tan impactantes como Clos Abella. Subir hasta la parte más alta del viñedo, lo que puede suponer unos 30 minutos, y poder contemplar todo el valle desde esa situación, mientras tomas un vino de Marco Abella, es una experiencia impagable.

Si prefieres no subir, los vinos se pueden disfrutar en una sala de catas, de corte vanguardista, inaugurada recientemente. Dicha sala es la parte de la bodega que se encuentra visible, ya que dos de las tres plantas se encuentran enterradas a más de 7 metros de profundidad. De esta manera consiguen trabajar por gravedad, y también consiguen mantener las condiciones óptimas de humedad y temperatura de manera natural.

Dos visiones de las de Porrera, una pequeña bodega situada en la misma localidad, Celler Joan Simó, y Marco Abella, de mayor producción y enclavada en pleno campo. Dos proyectos con menos de diez años de vida, y cuyos resultados son fantásticos. Antes de abandonar Porrera  es recomendable hacer una pequeña traslación temporal conociendo sus curiosos relojes de sol, fechados entre los años 1840 y 1880; sin duda alguna el más curioso es el llamado reloj de tarde, un reloj vertical declinante difícil de encontrar en toda Catalunya.

Turivino