Finca Marisánchez. Enoturismo según Bodegas Real

Ahora que tengo un poco más de tiempo y antes de que acabe el año, me he propuesto escribir esta entrada, para dejar constancia de un buen fin de semana, en el que un grupo de amigos y yo nos planteamos hacer algo de “enoturismo”, tal y cual yo lo concibo, por las tierras de Castilla.

Por lo tanto, voy a contar experiencias y vivencias, relacionadas con el vino pero también con mi yo “turista” que no sólo busca el buen comer y beber, sino el conocer y sentir. La idea, de Emi, la planificación, en manos de Vicente: nos vamos a visitar la zona de Almagro y Villanueva de los Infantes en el puente de diciembre, compaginando gastronomía, cultura e historia. El plan suena genial.

La base de operaciones, clara desde el principio: Almagro, por historia y servicios. El alojamiento, en la Casa Grande de Almagro, posiblemente uno de los mejores hoteles rurales de la zona, en relación calidad precio y en cuanto a ubicación (en el centro del pueblo). Las propuestas de ocio fueron: el Corral de Comedias de Almagro, espectáculo de teatro clásico incluido, y las visitas al Castillo de Calatrava, al espacio Almodóvar y a la Finca Marisánchez, de Bodegas Real. No voy a extenderme en lo demás (salvo apuntar mi decepción en cuanto al espacio Almodóvar y recomendar encarecidamente el tapeo en la Plaza Mayor de Almagro); voy a centrarme en lo que nos ocupa: la apuesta de Bodegas Real por el enoturismo de calidad.

Lo primero que sorprende es la llegada en coche. Bordeando el pantano, te vas sumergiendo en un mar de viñedos, perfectamente alineados en espalderas, que se van sucediendo entre colinas. De pronto, aparece la finca, imponente, conjugando a la perfección los muros de las antiguas construcciones con los altos voladizos del porche y los grandes acristalamientos de las salas de celebraciones y la tienda. A la derecha, la bodega, clásica, como testigo mudo de otros tiempos. Un conjunto armonioso y bien diseñado, pensado tanto para acoger grandes grupos como para no hacerte sentir perdido si vas con unos pocos amigos.

Teníamos reserva para comer en el Umbráculo, el restaurante, con una cocina de base manchega, pero innovadora y sorprendente. No voy a ensalzar ni los platos ni los vinos, prefiero dejaros un vídeo para que juzguéis vosotros mismos. A mi personalmente, me encantó todo lo que comí y bebí, pero sobretodo lo que me enamoró fue el servicio y el trato del personal. Gracias a Mari por su buen hacer, su pasión y su paciencia.

Tras los postres, una copa de buen cava (de la propia bodega) y un rato de conversación, nuestra Cicerone nos guió por la bodega, explicándonos lo necesario, sin extenderse demasiado, sin seguir un guión pre-aprendido, dialogando con pasión y contándonos su experiencias y vivencias en el día a día de su trabajo. Inmejorable. Acabamos en la tienda, perfectamente equipada, dónde nos hicimos, como es natural, con buena cantidad de provisiones para las fiestas familiares y navideñas.

Resumiendo: esto es lo que yo entiendo por enoturismo. Así se deben hacer las cosas, pensando en el turista como cliente, hablando el lenguaje del marketing turístico, ofreciendo servicios diferenciados. De esta guisa, he vuelto a Valencia y al trabajo encantado, recomendando visitar la Finca Marisánchez a quien me pregunta y buscando en las cartas de vinos de mis últimas cenas, a ver si entre los vinos manchegos estaban Vega Ibor entre los tintos o Finca Marisánchez entre los blancos.