Excelencia asiática

En nuestro país tendemos a la simplificación cuando hablamos de la cocina y la cultura asiática; cada pueblo, cada región, cada territorio, matiza y se expresa a través de sus cazuelas (o de sus woks), y la cultura oriental, milenaria, compleja, colorista y espiritual, se expresa a través de una cocina variada, fresca y diversa.

Entre tanta pluralidad, el siguiente hormigueo de grafías solo pretende dar el primer hervor de dos cocinas que se muestran maravillosamente en la capital del Reino: la cocina thai, cuya expresión más vanguardista y sofisticada la encontramos en Silk (Avda de la Ermita s/n, esquina Avda. Olímpica, salida 16 de la N-I), y la cocina vietnamita, cuya sugerente propuesta del Petit Saigon (Capitan Haya, 43) nos despierta sentidos ocultos en nuestro interior.

La compleja armonía de Silk.

Hablar del curry en la cocina thai, es hablar del misterio que armoniza, aromatiza y da explosividad a las preparaciones. Su preparación, su elaboración, es compleja y requiere la maestría del alquimista, indispensable para conocer la sensación que despertará cada uno de los ingredientes, plenamente unificados, que se mezcle en la creación.
Silk dispone de la base entre los fogones, ya que todos sus cocineros son de origen tailandés, puntal importante para ganarse el prestigioso certificado Thai Select; aunque  el resplandor de dicho honor es su cocina refinada y colorista, distinguida y elegante.

Sugerencias que nos hace sentir estallidos gustativos, que pasan suaves, llenos de finura y a la vez de impetuosa emoción; experiencias que se pueden percibir en presentaciones como Kai Satai (pincho de pollo, con curri rojo y aderezado con salsa de cacahuete) o en Lo Koong (langostinos preparados al curri rojo con citronela, apoyado por un aromático arroz, base fundamental de la cocina thai). Son solo dos destellos centelleantes de una cocina que combina la exuberancia, ardorosa y penetrante, con la sutilidad de la refrescante frutosidad,  como la que podemos vivir con la ensalada Tam Pola Mai, un romance de frutas de temporada, donde el mango juega un papel prioritario, y donde la salsa de tamarindo aporta singulares notas musicales.

Este vergel de sentidos se deleita en un espacio de cuidada ambientación, decoración detallista, sensitiva y muy atractiva. Suma de detalles que despiertan la sensación de saborear una velada única, cuya guinda se puede paladear en el Out Space, una de la mejores terrazas de nuestro país, una  refrescante propuesta chillout de ambiente único (en noches donde el frío se deje sentir, la oferta complementaria es Stiil Lounge, especialmente creado como espacio de ambiente relajado).

Petit Saigón: Sutil elegancia

Petit Saigón mira al sudeste asiático, se asoma a Indochina, basa su propuesta en la cocina vietnamita, fértil, rica, variada y desconocida como el milenario país de origen, un país coloreado con el verde de los arrozales, que tiñe de ilusión impresionantes cordilleras, exultantes cataratas y paradisiacas playas; un conjunto de una belleza natural única. La íntima propuesta del grupo Saigón ofrece una cocina espléndida en sabores y texturas, matizada con pequeños tornasoles occidentales, influencias que aportan riqueza y diversidad.
Un ambiente recogido, acogedor, nos traslada a un salón cuidado al detalle, mimado en su atemporal decoración; estancia que nos recibe, sobre la tabla giratoria, con una tentadora variedad de rollitos Nem vietnamitas (no dejéis pasar el de primavera frío, con brotes de soja, menta y pato, porque es espectacular).

La oferta culinaria de Petit Saigon se basa en la delicadeza, en la sutileza en el paladar, en la distinción en el plato, una cocina con una carta elaborada por el maestro Chiu Kam Hoy, formado en uno de los restaurantes más prestigiosos de Hanoi. El menú que se propone en Capitán Haya, armonizado de manera singular y efectista, con los mejores vinos internacionales, o con las más sugestivas cervezas europeas, se convierte en una experiencia vitalista y sensual, todo un despertar de sentidos adormilados entre las papilas gustativas, que se desperezan ante un impresionante “Lomo de Corvina con salsa de lemon grass, curry rojo y coco” (una salsa delicada y un ligerísimo toque ardoroso que vigoriza los sentidos), los increíbles “Cangrejos fritos de caparazón blando”, o las seductoras “brochetas de solomillo de buey con salsa de manís”.

Toda un colorista amalgama de emociones nerviosas, percepciones sensoriales que se enlazan creando electrizantes descargas sensuales en nuestro interior; una comunión hedonista que se cierra con una oferta de occidentalizados postres, toda una tentación de golosa envoltura (qué endemoniada fascinación despierta la “Crème broulée con lichis”).

Si algo comparten la cocina de Silk y la de Petit Saigon es esa pasión por sorprender, por trasmitir diversidad, por hacer que la mesa sea un lugar de placer sensualista.
Dos espacios, que, en su concepción visual, huyen de la indiferencia; creados, por dos grandes estudios de arquitectura e interiorismo que exhalan excelencia: el Silk, por Ignacio García de Vinuesa, y el Petit Saigon, por Edifiestudio, capitaneado por Fiorella Guerra, Dionisio Martínez y Eduardo Menéndez.