Enoturismo en Ribeiro (parte 1)

Una de las cosas que más nos satisface como “viajeros del vino” es precisamente eso, viajar. Y si añadimos a este gusto por el turismo, la pasión que nos une, el vino, el binomio se redondea. Pero si además tenemos la suerte de que nos inviten a conocer una D.O. tan encantadora como, hasta ahora, poco conocida, el resultado no puede ser más satisfactorio.

Pazo Casanova

Hemos saboreado, conocido, disfrutado y sentido una tierra que evoluciona, que se hartó de ser la hermana pequeña y que gracias a la labor de unos pocos profesionales, encantadores y eficientes, se ha convertido en uno de nuestros destinos favoritos: las tierras de Ribeiro y sus inolvidables vistas sobre el omnipresente río Miño.

Lo primero que queremos hacer es, no solo por justicia, sino porque nos sale de dentro, agradecer a la D.O. su exquisito trato, personalizado en Erika y Marta, que en todo momento se mostraron solícitas a resolver nuestras dudas, facilitarnos la labor en el día a día y ofrecernos su hospitalidad y conocimientos para que nuestra experiencia fuera más gratificante.

Visita en grupo

Lo segundo, que no por ello menos importante, es nombrar, uno a uno , a todos los compañeros de fatigas con los que compartimos el viaje y con los que (el tiempo lo dirá) hemos establecido una relación que va más allá de lo profesional: Paco de Verema, Fernando de Placerego, Antonio Jesús de TaninoTanino, María de Akatavino, Jesús del Aula Española del Vino, Santiago de Selectus Wines, Juan del ABC y Paz, colaboradora en numerosos medios del sector. A todos, gracias por los consejos, la sabiduría y el compañerismo.

La agenda fue muy completa, con visitas a bodegas, comidas, catas y cenas que nos permitieron conocer en profundidad lo que podemos esperar Ribeiro: la singularidad de sus vinos, la espectacularidad de los paisajes y la hospitalidad de sus alojamientos. Rincones y gentes que hacen que el turismo del vino se exprese en todo su significado. No vamos a enumerar una a una todas las adegas, colleiteiros y destilerías que conocimos ni hablar de las excelencias de los más de 50 vinos que catamos (esto lo haremos en una segunda parte), pero queremos destacar, para que sirva de guía a nuestros lectores, dos o tres pinceladas del viaje.

Monasterio de San Clodio

Alojarse en el Hotel Monumento Monasterio de San Clodio es transportarse a la Edad Media, con sus robustos muros, sus luminosos claustros y sus inquietantes leyendas (El Monje aún viene a vernos algunas noches). Un alucinante viaje en el tiempo con todas las comodidades y servicios que un viajero del siglo XXI exige. Enclavado en un pequeño valle repleto de verde y frescor, a poca distancia del centro de Leiro, se convierte en un centro neurálgico privilegiado para las distintas rutas y caminos de vino que se pueden emprender.

Otros de los inolvidables momentos que nos hemos traído de Ribeiro, son las innumerables veces que tuvimos la posibilidad de observar, desde las atalayas en las que se convierten algunas de las bodegas que visitamos, las cuencas de los ríos Miño y Avia, valles vertebradores de la zona. Es muy evocador y relajante perder la vista en el verde, en los pequeños núcleos urbanos, en los caseríos, en las laderas repletas de viñedos… regalos para los sentidos que se han quedado para siempre en nuestras retinas y que nos dicen que, sin dudarlo, volveremos a Ribeiro, con calma, con más tiempo y con más amigos.

Emi Belenguer y Gemma Martínez.