Enoturismo en la Toscana

A principios de este mes de junio hemos tenido la oportunidad de visitar la Toscana después de 5 años y hemos vuelto nuevos, descansados y encantados con nuestra escapada. La verdad es que nunca nos cansaremos de ir a Italia. Por cercanía, por familiaridad y por las sensaciones que captas a cada paso. Como dice un amigo: “Si me pierdo alguna primavera, seguro que me encuentras en la Toscana”

Lo primero que sorprende es lo bien montado que lo tienen en cuanto a turismo de vino se refiere. Nada más llegar a Pisa, si vas a por tu coche de alquiler, te encuentras con unos expositores, muy bien situados cerca de donde se montan las colas para recoger las llaves. En ellos puedes recoger una completa “Guía de la ruta del Vino, el aceite y los sabores de la Toscana”. Genial, bien montada, completísima y con todas las zonas vinícolas bien definidas y situadas. Y con su mapa y todo, en italiano e inglés: 130 páginas de guía ¡totalmente gratis!

Con la guía en la guantera y el coche con el depósito lleno, nos vamos a Lucca, donde hacemos noche. Para nosotros es una de las visitas imprescindibles, por las murallas, las calles, las vinotecas y los restaurantes. Un poco desangelada cuando se van los turistas, pero perfecta para descansar después del vuelo, para pasear con tranquilidad y como punto de partida hacia el sur.

Después de visitar y picar algo en Volterra (unas porciones de pizza y unas ensaladas regadas con cerveza “Peroni” bien fresquita), llegamos a nuestro hotel, cerca de San Gimignano. El Hotel Casolare Le Terre Rosse es perfecto para quedarte unos días en la zona. Tiene habitaciones amplias, preciosas vistas, una cocina muy completa y un precio muy muy razonable para el servicio que recibes. Tomar unos vinitos junto a la piscina, después de un día de trote, es una experiencia espectacular. Al lado está la Fattoria San Donato, una pequeña bodega familiar que sirve al hotel un blanco de Vernaccia de San Gimignano que está de muerte.

Después de dedicar un par de días a visitar Siena, San Gimignano y Monteriggioni (imprescindible un helado al atardecer en este maravilloso mini pueblecito amurallado), nos fuimos a pasar el día completo a Chianti. La sorpresa fue cuando descubrimos que ese mismo fin de semana se celebraba en toda la zona un evento de promoción del Chianti Classico. Había carrera ciclista, mercados populares, mercado de flores, y todo tipo de eventos en cada uno de los pueblos que visitamos, siempre alrededor del mundo del vino y su cultura. Una de las cosas que más nos sorprendió fue el hecho de que en cada pueblo hay pequeñas vinaterías, ya sean con vinos de varias bodegas de Chianti o tiendas exclusivas de una bodega, que vende sus vinos y productos de producción propia como quesos, aceites, encurtidos…

Es una idea genial lo de llevar las bodegas a los pueblos, en pequeños locales distribuídos por las calles más turísticas. En Greve, en Castellina, en Radda, en Panzano, en Giaole… en todos te encuentras decenas de tiendas que abren las propias bodegas. Me parece una propuesta genial que podríamos adoptar en España con más asiduidad. Antes de comer nos fuimos a visitar el impresionante Castello di Meleto. Enoturismo con mayúsculas. Un monumental castillo con todo tipo de servicios turísticos: restaurante, hotel, salones para eventos, visitas guíadas y una preciosa y bien diseñada tienda donde catamos algunos de sus vinos. A destacar, el monovarietal reserva de Sangiovese de 2007, bien integrado con notas de frutos rojos maduros, cueros, tostados y especias. Después subimos a la Badia de Coltibuono, a tomar el café en la terraza de su bonito restaurante. Lo mejor, las impresionantes vistas.

Para terminar la ruta y bajando hacia el hotel, paramos en Radda in Chianti, donde se celebraba “Rada nel Bicchiere” Rada en la copa. La mejor forma de acabar la tarde. Uno de los numerosos actos que se celebraban esa semana, que hizo que calle principal se llenara de decenas de mini stands de las bodegas de la zona, que te ofrecían catas de sus vinos a un innumerable número de visitantes, locales y foráneos. Genial, había sido un día completo de turismo de vino, gastronomía y buena compañía.

Para cerrar el viaje, un bañito en la piscina, cena en el hotel y a la cama prontito, para el día siguiente conducir hasta Pisa, dejar el coche y volar de vuelta a Valencia. Las sensaciones que pueden resumir el viaje: la Toscana es ideal para una escapada de 3 ó 4 días y que, aunque los vinos de Chianti no tiene nada que envidiar a cualquiera de los nuestros, tienen muy claro como generar ingresos y conocimiento de marca a través del enoturismo, nuestra eterna asignatura pendiente. La próxima escapada, al sur de Siena, a conocer el Valle de Orcia.