El tamaño de la botella sí importa…

Estamos tan familiarizados con el tamaño de las botellas de vino, que pocas veces nos preguntamos el porqué de la elección de la medida 0,75 litros como tamaño estándar. Dependiendo de a quien preguntemos las contestaciones pueden ser muy variadas. Así podemos escuchar que es porque refleja el rendimiento de vino de 1kg de uva, que si es la cantidad perfecta para dos personas, que si es la ideal para cuatro…

 Lo cierto es que la respuesta se remonta al siglo XVIII cuando todas las botellas se elaboraban bajo el noble arte artesanal del soplado del vidrio. Entonces no se era tan escrupuloso con el tamaño, aunque cuando decide tomarse una medida como genérica se dan cuenta que todas esas botellas artesanales se aproximan a la cantidad de tres cuartos de litro, tomándola como referencia con la industrialización del vidrio.

Sin embargo, hoy en día estamos muy acostumbrados a ver el vino guardado en botellas con otros formatos como las botellas de medio litro o las de cuarto de litro, conocida popularmente como Benjamín. Estos tamaños son ideales para aquellas personas que disfrutan del vino de forma individual y no quieren tener problemas con la conservación de una botella abierta. Ideal para vinos de consumo rápido.

También es muy conocido el formato Magnum (1,5 l) o el Jeroboam (3 l), ideales para vinos que podemos guardar mucho tiempo para poder disfrutar de su evolución. Estas botellas contienen la misma cantidad de aire que las más pequeñas permitiendo esto una evolución más lenta y controlada del vino.
Los consumidores más valientes pueden encontrar tamaños mayores, como el Nabuconodosor (15 l), Baltasar (12 l), Salmanazar (9 l) o Mathusalem (6 l), que aunque presentan mejores condiciones de cara a la guarda, pueden suponer un serio problema de manejo por su peso. ¡Salud!