Bodegas Valduero

barricasokLo he dicho muchas veces, pero mi aliento no desvanece por más que mis dedos lo coreen sobre el teclado: “el vino lo hace grande las personas que están detrás él”. Óptimas uvas, buenas instalaciones, maquinaria, cuidado en el proceso agrícola, un terreno armonioso y tratado con delicadeza, etc, etc, toda una serie de variables que se concentran en el corazón de las personas que están detrás de cada botella de vino, de cada depósito, de cada vendimia. El amor, el cariño, la pasión, es un elemento que se trasmite de manera subconsciente al vino; no se puede cultivar ni se puede criar, porque es innato al ser humano, se desarrolla en nuestro interior y se extiende desde la entrega, desde la generosidad de un corazón henchido de atrevimiento.

Los vinos de Bodegas Valduero concentran el entusiasmo de dos hermanas, Yolanda y Carolina, pasión heredada de la energía y vitalidad de su padre, Gregorio García, mente iluminada, que movido por sus recuerdos infantiles, por sus carreras entre el viñedo de su población natal, en los márgenes del Arlanza, se quedó prendado de los viñedos de Gumiel de Mercado, en la provincia de Burgos. La fogosidad, el ímpetu, les hizo empezar a vinificar en las instalaciones de la cooperativa de Gumiel, en el año 86, y lanzarse a excavar una cueva del siglo XVII, situada en un antiguo lagar, un año después.
Hoy esta cueva, depósito natural de increíble estabilidad térmica, que, según el punto en el que te encuentres, puede tener entre 19 y 40 metros de profundidad, sigue acariciando la sutil crianza de los grandes Reservas de Valduero, el magnífico y voluptuoso 6 Años, o el aterciopelado y seductor 12 Años,  las auténticas joyas de una bodega amante de las largas crianzas, del reposo atemporal, siempre buscando la armonía entre la complejidad y el deleite imperecedero.

Entrada a la cueva donde empezó todoEste entusiasmo mueve el motor de las ideas, en Bodegas Valduero, sin respiro. Construida a primeros de este siglo, las instalaciones actuales son un cóctel entre maravilla arquitectónica y funcionalidad digno de admirar. Una excavación de 4000 metros cuadrados de túneles, para crear tres zonas de trabajo bajo una montaña que volvió a resurgir una vez terminada la obra. Tres bocas insinuantes, brotando desde el cerro y que miran, más bien vigilan, la maravillosa extensión de tempranillo, y también el admirable viñedo de albillo que siguen mimando, como quijotes dentro de una comarca que desgraciadamente los arrancó, en su gran mayoría, hace ya varios años.
Emoción y fervor que les ha hecho seguir excavando, buscando nuevos espacios entre la piedra subterránea, sacando a la luz “La Cueva del Cura Merino”, que en pocas semanas albergará su Nuevo Club de Barricas, un espacio impresionante, sobrecogedor, que te hace sentir, emocionarte, cuando lo recorres desde el túnel de barricas hasta la integrada construcción de piedra, que a modo de estancia-mirador, están terminando sobre lo más alto de la colina que domina las instalaciones.

Bodegas Valduero es ardor, embriaguez reflejada en vinos maravillosos; antes mencionaba sus viñedos de albillo. De ellos extraen pura esencia de aromas, un revoloteo frutal que cautiva en el paladar. Mencionados los emocionantes reservas, 6 años y 12 años, sobrenombre que insinúa el periodo de reposo que el vino está yaciendo antes de sugerirnos momentos de auténtico placer, no puedo dejar de nombrar una de sus últimos hechizos, 1 Cepa, puro hedonismo de fruta negra madura y torrefactos tentadores, fascinante trago de exigua producción, ya que cada botella  es el fruto de una única cepa.