Enotur Villena 2018: la ruta del tesoro

“El Fondillón es un vino de reyes. Dio la vuelta al mundo con J. S. Elcano y Magallanes. Estuvo en boca de El Conde de Montecristo… y Shakespeare lo menciona en uno de sus escritos…” Estas frases las pronuncia un hombre grande desde un escenario pequeño, que nos contagia su emoción antes de catar un vino que ha esperado a ser abierto 47 años. Estamos en Villena, en las III Jornadas de la Ruta del Vino de Alicante. Antes de salir a la calle ya me doy cuenta de que he cometido 2 errores antes de venir: hacer caso a todos los que me han dicho que en Villena hace frío y pensar que el día va a ser tranquilo… Tenemos muchas actividades por delante, el Ayuntamiento de Villena nos ha preparado un BlogTrip de lo más variado: tesoros, bodegas escondidas, bodegas espectaculares, vinos etiquetados con 2 rombos,… y un postre sorpresa. Me quito 6 de las capas de ropa que llevo y preparo mis pies para Enotur Villena 2018.

Vino Fondillón: uno de los dos tesoros de Villena

La primera cata es la del “vino de reyes”. El Fondillón merece un respeto. Por edad. Y por el cariño por el que se elabora: aseguran que la uva está lista cuando tiene tantas arrugas como su recolector. Con un color ámbar que recuerda más a un cognac que a un vino, los aromas de café y toffe se confirman en boca: Tesoro de Villena, de 1972. Nos dicen que no es el único tesoro que veremos hoy.

Sala de inicio del BlogTrip en Enotur Villena 2018

En primer plano Tesoro de Villena, Fondillón de 1972

Bodega El Caracol… y el otro tesoro

Andamos por las calles de Villena después de haber visto una rana de piedra reptar una pared… ¿será cosa del vino? y llegamos a una casa donde una señora muy dispuesta nos habla de su abuelo, que compró esta vivienda, justo en la que nos encontramos, que daba a dos calles: por una vendían vino y por la otra leche. En sus estancias convivían sin verse conos de vino con 4 vacas. Uno de los conos tiene una madre de 1800 que van rellenando… Los más valientes se atreven a catarlo; uno de ellos asegura que el pecho se le ha despejado de por vida con un solo trago. Yo no soy valiente pero sí soy de curiosear y voy paseando entre bancos de escuela y otros utensilios antiguos que las gentes del pueblo han donado a ésta antes bodega familiar en la que hoy en día, en las fiestas de El Medievo una legión de cuñadas arrima el hombro sirviendo hasta 1.500 tapas. Habrá que volver y probarlas, pienso… al menos un par.

Cuando ya estoy celebrando no haber venido con botas de agua (¿pero quién está tan empeñado en que en Villena hace mal tiempo?) paramos de andar frente a la Casa Consistorial. Dicen que dentro hay un tesoro, así que no paro de mirar al suelo buscando la cruz… pero resulta que los villeneros ya lo encontraron en los tiempos del No-Do y ahora lo tienen en un cofre. Claro, qué es un tesoro sin su cofre. Cuando lo abren, mi boca también se abre, deslumbrada –si es que una boca se puede deslumbrar– ante una potente luz dorada que reflejan brazaletes y vasijas de oro puro. Uau. Desmayo.

Almuerzo villenero. Cogiendo fuerzas para el resto del BlogTrip en Enotur Villena 2018

Mi desmayo llena de confusión a nuestro guía, que nos lleva a comer. El restaurante Miguel Ángel y las Bodegas Vinessens nos proponen una reinterpretación del almuerzo villenero, maridado por supuesto. Pero no será un maridaje al uso –empezaremos con los tintos para acabar con los blancos, justo al contrario de lo que se suele hacer– y tampoco será un almuerzo al uso, sino reinterpretado en las manos del chef que hará una cocina de fusión donde el embutido salta a una brocheta, las patatas con huevo a un vaso, las habas a una salsa y el arroz a una galleta. Y además nos propone el juego de adivinar qué es el postre sin presentarlo. Si somos de cata seremos capaces de descubrirlo… lo veremos.

Mientras hablamos con nuestros compañeros de un vino azul, de si los vinos de Bobal nos resultan fuertes, de comprar productos de temporada o del daño que están haciendo las franquicias a la tradición de cada localidad, los platos y los caldos se suceden hasta que llega el postre. Hemos empezado por La Casica del Abuelo, que acompañan de lujo a los embutidos y arroces. Seguimos con Salino, que hace honor a su nombre, es curioso lo que la salinidad de la tierra traslada al vino. Nos encanta. Y acabamos con Sein, todos de las Bodegas Vinessens. Lo que no acertamos es a qué sabe el postre… tenemos las papilas agotadas 😉 Y es que la sorpresa está en un licor del que solo quedan 40 botellas en el mundo y una pastelería de la zona las ha reservado para ciertas especialidades: el licor Katakí nos hace sentirnos especiales. Me encantan estas experiencias en las que tienes acceso a vivir historias únicas.

Intento escaparme a hacer una siesta, amenazo con otro desmayo, pero nos están esperando en otra bodega. Me dejo llevar…

Celebración del enoturismo en Bodegas Francisco Gómez

Una escultura gigante de bronce que representa un racimo de uva se balancea como un péndulo en el aire. Hemos llegado a Francisco Gómez una bodega moderna, enfocada a eventos, visitas y sobre todo a la celebración del enoturismo: un club de vinos donde puedes celebrar tus eventos privados, un restaurante para eventos a lo grande, un hotel en proyecto,… Y no solo de vinos vive esta bodega. Aceite, cerdos,… todo con una calidad que comprobamos en la cata al final de la visita. Nos abren un Blanc de Noir, espumoso que marida de lujo con los embutidos de sus cerdos. La colección Fruto Noble capta mi atención: desde sus etiquetas, Baco y Ariadne ceden a sus impulsos amorosos… y merecen los 2 rombos que destacan en las etiquetas.

Hemos visitado las barricas encerradas el los sótanos de estos edificios, a las que acompañan unos frescos en los que estuvo trabajando durante 2 años un pinto búlgaro. Nos encanta este camino que han tomado las bodegas que relacionan su vino con el arte, y que enriquecen estas experiencias de enoturismo. Nos han presentado una botella engalanada con oro pintado a mano y cristales de Swarovsky en la misma sala en la que descubrimos firmas de ilustres visitantes en unas barricas que también se elabora Fondillón. De nuevo, tesoros junto a otros tesoros.

Vinos históricos en una casa modernista

La comparsa de Labradores y la bodega Las Virtudes, todos villeneros “de pura cepa” 😉 nos muestran orgullosos una colección de joyas embotelladas que han rescatado y presentan por la casa en cajas recuperadas de la cerveza Moritz. Disfrutamos de este último tesoro, revisando con interés la evolución en el diseño de etiquetas y catando 2 muestras del patrimonio Monastrell:

  • Casa Ritas: un vino fresco, joven, fácil. Fruta negra madura. Sin barrica pero con muchos matices.
  • Patojo: al contrario que el anterior, complejo, mineral… Notas de grafito, regaliz y hierbas del monte. Un vino que además es ecológico.

Degustamos estos últimos caldos mientras nos muestran la tierra de cada uno de estos vinos, un detalle muy interesante que nos hace notar aún más matices.

Nos despedimos de nuestros anfitriones mientras nos dirigimos a un merecido descanso. En una cosa no nos habíamos equivocado antes de organizar esta jornada: decidir quedarnos a dormir en Villena. Nos encaminamos a la Casa de los Aromas. Nos han dicho que la dueña de este alojamiento nos ha preparado una habitación con vistas al castillo. Nos dejamos vencer por el sueño recordando todos los tesoros descubiertos hoy…