Bernkastel-Kues

Bernkastel protegido por el viñedoEn el Mosela se vive, se siente el vino. Como decíamos en una anterior entrada, cada plaza, cada establecimiento, cada minuto, respira efluvios vínicos. Desde mayo a noviembre, las fiestas del vino animan los días, festivales tradicionales, populares, y citas más elitistas y culturales.

A Bernkastel-Kues se accede después de descender varios cientos de metros, por una carretera sinuosa que te aposenta a las orillas del rio. La entrada natural es a través de un túnel; oscuridad con un final paradisiaco, la imagen de las primeras casas, de las primeras viñas descendiendo, vertiginosas, sobre el Mosela. El paisaje, el entorno, la estampa fotográfica que se queda permanentemente impresa en nuestra retina, son las rectas viñas de riesling, esbeltas, apuntando hacia el Dios Sol, manteniéndose erguidas ante la pronunciada inclinación de la pendiente. Viñedos que comparten terreno, e influencia luminosa, con la masa boscosa que domina el terreno en las cotas más altas de las laderas. En la parte inferior, las viñas se asoman provocativas a la orilla del Mosela, siempre plantadas en una u otro margen de los sinuosos meandros, siempre buscando la mayor exposición solar.

Motivos vinícolas en las plazas de BernkastelPor Bernkastel-Kues es placentero pasear, no sólo si eres un enamorado del vino, también si te apasiona el prefecto equilibrio entre naturaleza y urbanidad, si te enamora el respeto al paisaje y la integración de la construcción en el medio. Todo ello en una localidad bulliciosa, donde el verano resuena cada día, celebraciones callejeras, populares y participativas. Una ciudad donde cada rincón, cada callejuela, te llenan de asombro. Plazas, como la del Mercado, un coqueto rincón de casas renacentistas elaboradas con entramados de madera, fuentes como la de San Miguel, o edificios como el Ayuntamiento, llenan de vitalidad el alma del paseante. La población en sí parece sacada de los cuentos de los hermanos Grimm (algo que percibimos en bastantes poblaciones de Alemania, como Bacharach o Bambert, por citar un par de ejemplos).

Bernkastel-Kues no es más que una pequeña muestra de lo mucho que se puede disfrutar a orillas del Mosela; un rio que podemos recorrer desde Trier hasta Koblenz, para regocijo de nuestras almas, siempre ansiosas de maravillas paisajísticas y acogedoras villas vitivinícolas. Un rio que acaricia y da madurez a ambos márgenes, yendo de un lado a otro, acercándose a las tierras en el margen derecho, y de pronto ya está en el izquierdo, buscando dar aporte y vitalidad a ambos lados. Y sobre el rio, majestuosa, garbosa y señorial, la riesling, apretada en su racimo buscando cada inyección energética para convertirse en ese vino sensual que enamora nuestras más placenteras emociones.