Baltasar Gracián Viñas Viejas 2007

Uva: 100 % Garnacha
Bodega: San Alejandro Soc. Coop.
DO Calatayud
Crianza: 10 meses en barrica de roble.
Precio: 7,3 €

ELECCIÓN DE: Carlos E. López, Catador y Socio Fundador de la Asociación Grupo de Cata BACO VIVE.

La D.O. Calatayud  está ubicada en Aragón, al suroeste de la provincia de Zaragoza, extendiendo sus tierras desde el macizo del Moncayo hasta el Ebro, muchos de cuyos afluentes dan feracidad a esta zona. Su clima semiárido y de carácter continental extremo aporta a sus vinos una especial singularidad, resultando de un notable equilibrio.

La Garnacha, que muy posiblemente tenga su origen en tierras aragonesas, aunque ahora está extendida por todo el mundo, siendo una de las principales variedades tintas de plantación mundial, tiene en Aragón un feudo excepcional.

Las cepas de Garnacha son vigorosas, resistentes a la sequía y de maduración tardía, y  dan origen a vinos cuya vinificación es complicada debido a su tendencia a la oxidación; pero cuando la vinificación es correcta y se elaboran con cuidado, con mino, dan como resultado vinos de vivo color granate (uno de los motivos apuntados como origen del nombre de la variedad), sabrosos, de moderada tanicidad y concentrados pero, a la vez, equilibrados y elegantes. Esto es lo que consigue la bodega cooperativa San Alejandro con el vino que ahora os presentamos. Un monovarietal de Garnacha procedente de cepas viejas que siempre figura como uno de los referentes cuando se habla de vinos de calidad con una excelente relación calidad-precio.

De la cata de Baltasar Gracián Garnacha Viñas Viejas, realizada a 17º, destacamos:
Vista: Rojo cereza oscuro con ribete granate, de capa media, intensa lágrima que arrastra color.
Nariz: De media intensidad, franco, frutal y cálido. La fruta (ciruelas y fruta del bosque madura) se ensambla perfectamente con las notas de la crianza. Es ligeramente licoroso y balsámico, con discretos toques minerales, lácticos y un final de recuerdo tostado.
Boca: De ligero ataque, se abre con comedida amplitud, media estructura, apareciendo un sutil toque goloso y una calidez propia de su contenido de alcohol; que deja paso a un vino eminentemente seco, de buena frutosidad, tostado y especiado, ligero amargor, de taninos pulidos, estupenda acidez y con un final sabroso, seco y de media persistencia.

En resumen es un vino de agradable nariz, equilibrado paso de boca, jugoso, fresco y de los de no cansan.

Nuestra puntuación: 8,5

OPINIÓN Y CATA DE: Antonio Rubio, enólogo.

La garnacha es una uva típicamente española, con la que llevamos trabajando en la bodega toda la vida en la Península. Sin embargo son pocos los bodegueros que realmente han aprendido a superar las dificultades que presenta esta variedad. Porque quizás sea una de las uvas con mayor carácter oxidativo lo que impide conseguir buenas capas de color y lograr que los vinos se mantengan estables en el tiempo.
Siempre se ha puesto al Priorat como ejemplo de la buena elaboración de las garnachas pero la elección de este mes corrobora que no son los únicos.

Y es que la oxidación de la uva no solamente influye en el color sino también en su estabilidad y sobre todo, en la conservación correcta de los aromas primarios tan alabados en esta variedad (principalmente frutos rojos como la fresa y la frambuesa).

También nos sirve este vino para recordar la excelencia de las cepas viejas que tanto echamos en falta en nuestro país debido principalmente a tantos planes de reconversión y viñedo. Y es que se pueden contar con las manos los viñedos de más de 60 años y claro, ahí el precio de sus uvas. Pero el equilibrio que se consigue en ellas, así como la no necesidad de controlar el vigor provocan el equilibrio perfecto entre maduración alcohólica y fenólica, algo tan difícil de llevar en viñedos jóvenes.

Este vino de Calatayud, presenta una buena capa media alta con ribete rojo cardenalicio. En nariz muestra frutos rojos muy maduros y regaliz en una primera aproximación. Al mover muestra las virtudes de la madera, dejando recuerdos de especias secas y ligeros torrefactos. En boca tiene un ataque goloso, con un paso fresco, sedoso y estructurado. Largo en boca, muestra plenitud y recuerdos de frutos rojos muy maduros. Cálido pero integrando perfectamente el alcohol con el resto de sensaciones. Fácil de beber y de disfrutar con un buen plato de cuchara como unas buenas lentejas.

Mi valoración: 8.8 puntos.
Creo que junto el Beryna, ha sido de los mejores vinos RCP propuestos en esta web.

OPINIÓN Y CATA DE: Roberto Jiménez, sumiller del Restaurante-Vinacoteca Las Nieves, situado en Alcorcón (Madrid).

Garnacha; para mi, a mi modesto entender, una de las variedades más atractivas, vinos elegantes, seductores y sedosos. Nuestro querido amigo Carlos, de Baco Vive, propone una garnacha de Aragón; y en mi interior  surgen recuerdos de otros vinos de la zona, buenos vinos, buenas garnachas, pero quizá demasiado pasificadas, frutas sobremaduras.

Pero Baltasar Gracián se desmarca totalmente de esa línea; nos encontramos un vino fresco, y juvenil; de color brillante, tonalidades cereza, se muestra jovial y repleto de fruta. Un vino que se convierte, al formar parte de mi ser, en añorados momentos en los bosques del Sistema Ibérico, donde el calor que madura la uva se mitiga con las frescas sombras de la masa vegetal. Paseos en los que los aromas frutales, las frutas negras del bosque, arándanos y moras, cubren el paseo entremezclado con sutiles presencias de balsámicas hierbas aromáticas y algunos agradables recuerdos de regaliz, siempre acompañando mis momentos de felicidad entre las zarzamoras.

Baltasar Gracián se muestra suave y aterciopelado; un ligero punto goloso hace que su paso por la boca, acompañado de su vivaz acidez, resulte fresca y de importante amplitud. Tardes llenas de dulzura recogiendo los frutos negros, paso redondo y sugestivo  mientras mis manos se van tiñiendo con la expresión colorista de sus frutos.
Porque el recuerdo que me deja este vino de Calatayud, es seductor y repleto de momentos fascinantes.

Su botella lleva un mensaje añadido: “Embotellado recientemente”. Yo lo caté el 19 de octubre, y si, se muestra dinámico y algo inquieto, con alguna muestra de su tanino vivaracho; curiosa contrariedad, “viñas viejas” llenas de entusiasmo juvenil. Puedo asegurar que en cuanto repose unos días en botellas, apenas treinta o cuarenta días, se convertirá en una referencia ineludible, en uno de esos vinos que siempre tienes en mente, como aquellos días que te perdías en el bosque de tu localidad y te dejabas envolver por los aromas a frutos frescos del bosque, a hierbas aromáticas de corte balsámico y a ese tenue pero atractivo toque mineral que deja la frescura que pasa por la boca. Un recuerdo, un vino, que por el precio que nos anuncia la bodega, no faltará en mi humilde vinoteca.
Mi puntuación: 8,7 puntos.